El arquitecto Antonio Amado, premio Cugnot al mejor libro de historia del automóvil 2011

La Sociedad de Historiadores del Automóvil, un organismo creado en Estados Unidos pero que agrupa hoy en día a historiadores de 20 países de todo el mundo, concede cada año desde 1972 premios a los mejores libros sobre historia del automóvil editados en el año.  El premio, que adopta el nombre de Nicholas Cugnot en honor al ingeniero francés que diseñó el que puede ser el primer vehículo automóvil de la historia, distingue a libros escritos en inglés y también a publicaciones en otras lenguas.

 

En 2011, el premio Cugnot incluyó a un autor español, el arquitecto Antonio Amado, por su magnífica publicación “Voiture Minimum: Le Corbusier and the automobile”, del que ya hablamos aquí hace algunos meses. El galardón tiene un valor especial por el hecho de que, aunque el libro de Amado es en realidad el tercero de un español premiado en los Cugnot, (tras “Un Millón de camiones y buses españoles”, de Manuel Lage en 2009, e “Hispano – Suiza: el vuelo de las cigüeñas” de Emilio Polo, en 2000), es el primero que lo hace en la categoría de libros en lengua inglesa, al estar publicado por la que quizá es la institución más importante del mundo en materia de investigación, el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

 

Antonio Amado recogió el pasado 4 de febrero  el premio en un acto en Paris, en la sede del Automóvil Club de Francia, nada menos que en la Plaza de la Concordia y en el marco del Salón del Automóvil Clásico de París, “Retromobile”.

 

El premio a Amado le alegra enormemente por diversas razones. En primer lugar por el reconocimiento a una labor de investigación histórica que aporta mucho en el campo de las relaciones entre la arquitectura y el automóvil, un campo todavía repleto de aspectos de gran interés que descubrir. En segundo lugar, por estar publicado en una editorial tan prestigiosa como las prensas del MIT, probablemente la institución mundial de referencia en cuanto a investigación en cualquier campo del conocimiento, lo cual es una distinción en si misma. Y en tercer lugar por la cordialidad y amabilidad de Antonio Amado en nuestros múltiples intercambios de impresiones y reflexiones en torno al automóvil desde hace tiempo, y que espero que continúen en el tiempo con colaboraciones concretas.

 

Así que un bonito acicate para todos los historiadores e investigadores españoles, y una enhorabuena para todos, porque “Voiture Minimum: Le Corbusier and the automobile” es una delicia que cualquier persona interesada en la historia debería leer.