CAMPUS ULTZAMA 2013

“El Tiempo de la Belleza” fue el lema bajo el cual se desarrolló el Campus Internacional Ultzama es su edición de 2013. Entre los días 13 y 15 de junio y en el marco del Centro Hípico de alto rendimiento de la Ultzama, los asistentes pudieron debatir en torno a dos conceptos como son “el tiempo, que, como bien sabemos, es por esencia infinito e inabarcable, y la belleza, que es, ya desde los clásicos, una noción inaprehensible”, como ya anotaba el sociólogo y relator del evento José Miguel Iribas en el texto de introducción de la primera jornada.

El encuentro reunió a 22 arquitectos tanto nacionales como internacionales, que pudieron dar su visión y debatir sobre el tema planteado. Las dificultades respecto a la discusión sobre el binomio tiempo-belleza fueron evidentes desde la primera jornada. El primer debate se produjo tras las intervenciones de los arquitectos Félix Solaguren (Barcelona), Moneo Brock Studio (Madrid), Jesús Azpeitia (Estocolmo), Pereda Pérez Arquitectos (Pamplona), Juan Ruescas (Madrid) y Samuel Delmas (París). El tema de la belleza fue el principal foco de polémica para los asistentes, que discutieron en primer lugar en torno al propio tema en sí, y la conveniencia o no de tratarlo desde su dimensión filosófica.

 

La pregunta planteada para el debate, giraba en torno a qué tipo de belleza necesita nuestro tiempo. Las respuestas fueron varias, desde quien planteó la belleza como lo cotidiano o común, la belleza como servicio, como experimentación instantánea de una conjunción entre cuerpo, mente y universo, o la belleza como saber hacer, o tecné. Finalmente Mangado, lanzaba una pregunta al aire con lo que terminaba la primera jornada: ¿Qué define la belleza? ¿Es esto lo que debemos tener en mente cuando proyectamos?

Durante la segunda jornada, las presentaciones fueron a cargo de los arquitectos, José María García del Monte (Madrid), Lina Ghomeh (París), Eslava y Tejada Arquitectos (Madrid) y Héctor García-Diego (Pamplona). Por la tarde, el debate se desplazó al Museo Oteiza en la localidad de Alzuza, donde João Carrilho da Graça y Luis Rojo presentaron su obra y su posición respecto a las preguntas lanzadas.

 

 

El segundo debate planteó cuestiones muy interesantes sobre la manera en que los estudios de arquitectura persiguen la belleza, y si tal cosa no son sino juicios estéticos relacionados en realidad con un cierto gusto, un gusto educado. A este respecto la división de opiniones estaba servida. La idea de la abstracción fue otro concepto que estuvo presente en este segundo debate y que dio pie a diversas opiniones, entendida para unos como una cualidad hoy universalmente apreciada, para otros como un lenguaje.

 

Llegamos así al tercer y último día del campus,en el que las primeras presentaciones estuvieron a cargo de los arquitectos Iñaki Carnicero (Madrid), Susanne Gampfer (Augsburg), Ana Aragão (Oporto), Aitor Acilu (Pamplona) y Roger Suchs Sanmartín (Barcelona). Del mismo modo que el día anterior, por la tarde la discusión tuvo lugar en el marco del Museo de la Fundación Oteiza, donde pudimos ver las presentaciones de la arquitecta eslovena Marusa Zorec y de Víctor López Cotelo.

El tercer debate y quizás el más intenso de los tres tuvo un punto clave planteado al comienzo del mismo por Emilio Tuñón citando a Miguel Fisac, que fue la idea del “no sé qué” que caracteriza a la buena arquitectura. Uno de los puntos de encuentro fue la idea de que la intuición, entendida como algo que parte del conocimiento y como primer planteamiento a la hora de aproximarnos a un proyecto, puede ser uno de los motores que conducen a ese anhelado “no sé qué” del que hablaba Fisac. Finalmente y justo antes de concluir el campus, se introdujo una interesante idea: el papel del perceptor, en el sentido de que es una incógnita, siendo un hecho constatado la dificultad de los arquitectos para comunicar los códigos abstractos a la sociedad, y la diferencia que existe entre las propias sociedades.

Finalmente y tras tres intensos días de debate, son varias las conclusiones y puntos de encuentro que se podrían extraer, sin embargo la dificultad para llegar a dichos puntos de encuentro fue una constante a lo largo del campus. El concepto de belleza, y más aún la idea del tiempo de la belleza, dio lugar a un interesante diálogo que nos hizo apreciar la diferencia de posturas con que cada estudio concibe la belleza o afronta la búsqueda de ésta.

 

Texto: Beatriz Caballero Zubía